Este edificio plurifamiliar aislado se integra en un conjunto residencial de principios de los 2000. La pieza se configura como un bloque lineal que se escalona progresivamente para adaptarse con naturalidad a la orografía del terreno. El complejo destaca por su alta dotación de servicios, incluyendo gimnasio, áreas de piscinas y pistas deportivas.
La arquitectura apuesta por una identidad visual clara. Su volumetría escalonada y la composición repetitiva de sus elementos refuerzan la cohesión del conjunto, mientras que los tonos ocre de sus fachadas —propios de su contexto temporal— confieren una envolvente cálida y equilibrada.
El rasgo más distintivo del proyecto es la presencia de amplias terrazas curvas que recorren de forma continua las diferentes plantas. Estas líneas sinuosas rompen la rigidez del bloque y aportan dinamismo a la imagen exterior.
El diseño se completa con cubiertas inclinadas de teja y pérgolas que actúan como remate visual, logrando un equilibrio entre la modernidad de su estructura y ciertos guiños a la arquitectura tradicional.




